Cortejando a alguien

11 sinónimos de enamorando en 2 sentidos de la palabra enamorando:. Galantear a alguien: 1 galanteando, requebrando, cortejando, conquistando, pretendiendo ... La primera definición de este vocablo está directamente relacionada con su etimología y es alabar y hacer regalos de una manera interesada a alguien. Otro concepto es tratar de enamorar a una persona. Y por extensión, galantear o hablar los novios entre sí. Oscar anda cortejando a alguien del trabajo? Será mejor que no te lo diga ahora: 749245: 667629: Oscar anda cortejando a otra? Puedes confiar en eso: 749244: 667629: Oscar tiene miedo en tener un noviazgo comigo? Las perspectivas no son buenas: 749243: 667629: Oscar dijo rayos en lo que deje a laura aquel me la bajo: No puedo predecirlo ahora ... – Cuando se hace reír a alguien, el objetivo no es enfadarle, sino llevar las cosas a la irrisión. – “Demasiada broma, mata la broma” No hay que pasarse. Hacer reír a una persona, es enviarle un mensaje, hacerle entender que has fijado tu atención en ella, que la pones en un pedestal. Acompañar a alguien en señal de honra: 2 siguiendo, acompañando, cortejando. Contenido revisado en septiembre de 2018. Lingüista responsable: Adriana Morales « escollo « escolta « escoltando » escoltar » escombros » Acerca de nosotros · ¿Encontraste un error? · ... Mensajes para enamorar En esta sección te presentamos algunos mensajes para enamorar. Vas a encontrar lindas frases, poemas y piropos para enamorar. Nos aseguramos de cubrir la mayor cantidad de frases románticas, para que todo el que lea nuestra página encuentre lo que estaba buscando. Porque hay muchas formas de enamorar a una persona y... Definición de cortejar en el Diccionario de español en línea. Significado de cortejar diccionario. traducir cortejar significado cortejar traducción de cortejar Sinónimos de cortejar, antónimos de cortejar. Información sobre cortejar en el Diccionario y Enciclopedia En Línea Gratuito. 1 . v. tr. Alabar o hacer regalos a una persona interesadamente era patético ver cómo cortejaba a su ... Lo mismo sucede en los otros escenarios: si eres un chico cortejando a una chica, o un chico o chica que ligando con alguien de su mismo sexo. Si simplemente no notas esa “vibra” de ligue de su parte, y tampoco te comunican abiertamente que no están interesados en ti, lo más probable es que simplemente no compartan tu preferencia sexual y ... Alguien ideas sobre Courting Cortejando a una persona no es lo mismo que la datación. De acuerdo con un sitio web de asesoramiento cristiana, el cortejo es el acto de cortejar, o tratando de ganar el amor y el afecto de alguien. No hay conexión física como los besos o la mano de cortejar - sinónimos de 'cortejar' en un diccionario de 200.000 sinónimos online

Chacal

2020.09.29 22:55 Virgilio9 Chacal

La multitud se encontraba toda reunida en la plaza del pueblo. Todos murmuraban y la voz de él sobrepasaba por las demás. Alicia quien volvía de los deberes, supo de lo que se trataba de inmediato.
—Hijo de perra —soltó con furia y los pueblerinos voltearon ligeramente con la castaña.
Esta frunció el ceño y sujetó algo debajo de su camisa con fuerza, y se alejó de la gente. Cuando se escuchara el estruendo del arma, sería tiempo de moverse.
Miguel Venustiano era un asesino, un bastardo corpulento. Era un ejecutor el cual los locales lo miraban con respeto y sentían una especie de sumisión que los hacían tratarlo con benevolencia. Este no era el caso de Alicia claramente. Ella solo sentía desprecio a su persona, cosa que comentaba a sus más cercanos. Su madre se preocupaba por ello en muchas instancias y temía que algo le sucediese si seguía. Siempre se lo recordaba cada que salía de casa con esa mirada seria suya.
Todos en el pueblo sin excepción alguna, habían mirado como aquel tipo mataba a los hombres en la calle como si fuesen poco más que perros. Los hincaba amenazándoles empuñado su revólver contra sus frentes, a la par de que la multitud veía. Luego apretaba el gatillo y las aves volaban alejándose de los postes, la sangre corría por el camino empedrado y el silencio de muerte se propagaba ante la fatalidad.
Él se ponía en el centro y observaba a la multitud con seriedad uno a uno, veía el desviar y bajar de sus miradas temerosas, y oía algunas oraciones regadas junto al llorar de la viuda si es que se encontraba presente. Enfundaba su arma, bajaba su sombrero y después se alejaba de ahí dejando aquel muerto como si no fuera nada. Pronto terminaría en el bar más cercano, bebiendo con exuberancia e invitando tragos. También coqueteaba con las mujeres que había en el lugar. La mayoría le hacía caso algo que no se entendía del todo. La gente decía que era por el revólver, o con amenazas de por medio, pero igual, no era el caso con certeza.
Una vez se le vio cortejando a la viuda de un tipo que había ejecutado esa misma tarde. Se rumorea por los rincones y esquinas del pueblo que la mujer haya sido un tipo de cómplice en la muerte de su esposo el señor Orozco. No se supo más, ya que al día siguiente ella se fue a quien sabe donde.
Algo turbio habrá sucedido ahí. Algo malo debió de haber hecho Miguel.
Por donde lo viera Alicia, aquel era un ser asqueroso y pecador. Un borracho y drogadicto con un pasatiempo por quitar vidas y causar desgracias, sea con balas o navajas. Estaba harta y en más de una ocasión había fantaseado cómo ella misma le cortaba el cuello o le volaba la tapa de los sesos.
No existiera tal problema si hubiera una autoridad que le frenara. Alguien que le pusiera alto a las atrocidades deliberadas de aquel hombre, pero no había nadie. Los pueblerinos optaban por rezar y palidecer ante su presencia, a observar el arma con temor e inclinarse pidiéndole a una fuerza superior que detuviera las desgracias.
Cuando se escuchó el estruendo, la castaña miró hacia arriba. La parvada volaba alejándose en el cielo azul despejado. Volvió su mirada hacia al frente y corrió a la taberna que acostumbraba el chacal. Al entrar la encontró desierta, era temprano todavía. Camino por las tablas viejas de madera e hizo un ademán al barman canoso y él correspondió junto a un joven que barría. Ella se sentó en la barra y el de mayor edad se acercó a tomar su pedido.
—Una cerveza —pidió Alicia volteando brevemente hacia la entrada.
—Disculpe, ¿qué edad tiene? —pregunto el barman con voz calmada y ella lo miro de frente.
—Los suficientes —mintió seria e indiferente.
El canoso le creyó y fue a traerle la cerveza. Ella pago una vez que se la dio y sus ojos volvieron a la entrada del lugar. Pronto Miguel pasaría por debajo del marco de la puerta. Alicia volvió al frente y metió su mano por debajo de su camisa. Nunca había estado tan decidida en su vida.
Miguel terminó por tomarse un par de minutos más. Ella lo vio de reojo desde que entró, y el se dirigió a una pequeña mesa redonda en una de las esquinas, cerca de la salida.
—¡Muero de sed! ¡Un tarro por favor! —exclamó exhausto y se sentó haciendo un leve escándalo.
El se quitó el sombrero y lo puso en la mesa. Desabotonó un poco su camisa, se estiró y dirigió su mirada a la barra de madera polvorienta, y se centro en la espalda de Alicia. Le brillaron los ojos por un instante y se quedó observándola un rato. Se rascó su áspera barba y su mirada terminó en el joven mesero que ponía la bebida en la mesa.
—Increíble el clima, ¿no crees Raúl? —preguntó Miguel y tomó el tarro.
—Es muy agradable —soltó el jovencito.
—Claro que lo es. Arrímate una silla quieres. Bebe algo conmigo, no hay mucho que hacer en este pueblo como de costumbre.
Raúl sonrió y volteó a ver al hombre canoso de detrás de la barra. Este soltó un suspiro y asintió con la cabeza, dando por hecho de que todo era un número habitual.
—Ve por tu bebida y tráeme una a mí que está ya casi se me acaba —dijo aunque no había dado ni un sorbo a su tarro.
Aquel asintió y fue a la barra. Miguel agarro el tarro y bebió hasta que la cerveza se le acabo. Eructo y limpió su boca con el dorso de su mano, luego volvió su vista a la barra y se encontró con la mirada de la castaña.
El le sonrió y Alicia regresa al frente. Las náuseas se le vinieron y apretó de lo que guardaba en su pantalón.
No era el momento, tal vez en un rato más. Cuando la tarde ascienda y los cerros empiecen a oscurecer. Cuando la plaza y la fuente de piedra, yazcan ante la temprana luz de la luna y las estrellas. Sería sumamente lo adecuado, pero la paciencia de Alicia pende de un hilo, y entre más espera, más recuerda.
No hacía mucho había encontrado a su vecina, Constancia, en lágrimas arrastrando el cuerpo de su marido por las escaleras de la entrada de su casa.
"—¡Necesito un doctor! —le pidió entre sollozos —Le dispararon, mira... —dijo y señaló el hoyo que traía en la nuca el difunto —¡Ayúdame por favor! No sé qué hacer, ¡ayúdame! —pidió y comenzó a limpiarse las lágrimas que traía en el rostro."
Alicia se quedó atónita y las miradas se asomaban desde las ventanas. La gente paraba su andar y se acercaban preocupadas y curiosas.
"—¡Ayúdenme alguien por favor! —suplico y empezó a llorar aún más —Mis hijos llegarán dentro de poco. ¡No pueden verlo así se los pido! ¡Necesita un doctor! —gritó y abrazó el cadáver —¡Por favor, alguien! —exclamó con dolor y el llanto terminó de ganarle.”
Por fin soltó el cuerpo y lloró ante la imposibilidad de un arreglo. Ante la irremediable verdad de que para la muerte no hay solución.
Desde ese momento Constancia no volvió a ser la misma por supuesto, y un día abandonó el pueblo junto a sus niños. Los sollozos todavía se escuchan cada vez que Alicia abre la puerta de su casa y voltea a las escaleras de la casa continua.
Ella conocía de vista a la familia. Por lo que veía eran amables y trabajadores, con hijos poco problemáticos.
Nadie pidió justicia por lo acontecido, así como por los demás muertos. La gente se quedaba con los brazos cruzados y solo compadecían a las familias sufridas. Se sepultaba el cuerpo y todo volvía a la cotidianidad mientras el verdugo seguía paseándose entre la gente con altanería.
“Hijo de puta” pensó y las carcajadas del chacal la hicieron volver a la realidad. Reía con el joven mientras le daba un largo trago a su bebida, y en seguida sacaba de hierba de un contenedor y se enrolaba un frajo. Dio un par de caladas y sus ojos no tardaron en ponérseles rojos como un diablo, sus risas se hicieron más sonoras, y el rencor en ella aumentaba.
Pronto volvería a buscar del mango del cuchillo de cocina que traía bajo su camisa.
A fuera el atardecer yace en los tejados de las casas. Los niños vuelven a sus casas después de haber jugado con sus amigos todo el día. Las madres preparan la comida, se cierran las tiendas y la gente lentamente regresa a sus hogares.
Los bares no tienden a hacer eso en estas horas. Ellos no duermen, ni su gente. Solo beben o piensan en silencio. Deciden y fantasean con la mirada perdida en la nada.
—Raúl, ¿quien es la hermosa muchacha de la barra? —preguntó sonriente.
—No lo sé, nunca la había visto.
—Me atrae su aspecto, pero sus miradas no —soltó y río un poco, se cruzó de brazos y luego comentó con cierta fascinación —Me encanta su cabello.
—Es muy lindo —comentó aquel mirándola.
—Tranquilo muchacho que es mía —dijo y sonrió —Tú no te preocupes, ya tendrás alguna después, y debes de saber que a una mujer se le debe amar con intensidad cuando se tiene la oportunidad.
—¿Ha amado a muchas?
Miguel y Raúl voltearon hacia atrás. Alicia lo observaba desde la barra con aquella mirada suya, con su seriedad hostil. Inevitablemente había escuchado la platica.
Él le sonrió.
—Solo a las que me lo han permitido —dijo y agregó —¿No te gustaría un trago linda? —pregunto pero ella no respondió.
Lo ignoró y volvió al frente, tomó de un sorbo de su cerveza. Las advertencias de su madre fueron reproducidas en su mente.
—Igual es tímida, igual le mate a alguien —dijo serio y dio un gran sorbo a su bebida —Sabes Raúl, he pensado en irme de este pueblo. Las cosas no son como lo eran antes, y sé que nunca lo serán.
El joven Raúl lo miró con cierta tristeza y no dijo nada. Miguel por otra parte, se veía nostálgico, tenía los ojos brillantes y cristalinos debido al alcohol.
—¿Por qué la cara tan larga? —soltó y dejó el tarro en la mesa al ver a chico desanimado —Bebé un poco, no te preocupes de nada. Tu aún eres joven, te falto mucho por vivir, deja las tristezas para la gente vieja. Al igual que la muñeca de la barra —dijo y sonrió —Dime muñeca, ¿a caso te mate a alguien? —preguntó dirigiéndose a ella y se levantó de la silla tambaleándose un poco —¿O solo ves mal a la gente preciosa?
—No creo que...
—Espérame aquí —dijo el interrumpiéndole y camino hasta llegar a la barra.
Alicia sintió el olor a alcohol y yesca que traía a sus alrededores Miguel. Ella apretó el puño con fuerza, trato de ignóralo, y él se acercó a donde yacía ella.
—A ti también te falta vivir.
—Miguel —habló el canoso acercándose —No creo que debas...
—Tranquilo viejo, solo le comento algo —le responde sin mirarlo —Dime niña, ¿te gustaría vivir un poco?
"Vivir... " se dijo Alicia, y volvió a ver la muerte ante sus ojos. Vio a la sangre en la silla y al viejo desparramado en el suelo. Vio la hierba en la casa, y a su padre moribundo, presionando la herida en su estómago, tratando de que la sangre no se le saliese.
Ella se quedó quieta al verlo en ese entonces, y aunque esté con dificultad le hablara, ella ni siquiera podía responderle. Estaba congelada con el escenario, con el olor de la sangre, viendo a la muerte. No hizo nada, era una niña después de todo. Podría haber pedido ayuda, claro, pero ya era tarde. Él había dejado de respirar y ella no podía dejar llorar.
—Veo que no hay educación aquí —dijo él y se alejó un poco, vio al barman y continuó —Supongo que solo hay gente que... —se detuvo y sintió la punzada abriendo paso por su estómago, el sabor metálico llegó a su boca, volvió al frente y la sangre empezó esparcirse en su camisa. La vio a ella mirándolo llena de cólera.
Le había clavado el cuchillo, se lo retorció dentro de sus entrañas y se acercó para que él cuchillo de cocina arribara tan hondo como se pudiera.
—Muere hijo de perra —le murmuró con odio.
Intento sacarle el cuchillo pero el la detuvo mientras gritaba con dolor. La apartó empujándola con fuerza y cayó al suelo sin el cuchillo. Miguel trato de quedarse de pie, de apoyarse en alguno de los bancos, pero falló y terminó por caer. Acabo sentado, con la espalda contra la barra adolorido y sangrante. Enseguida buscó sacar su revólver, pero este había desaparecido.
Cuando volteó con ella, la encontró levantada con el arma entre las manos. Le apuntaba muy quieta y tranquila. Lo veía con seriedad.
Apretó del gatillo, el se sacudió abruptamente por el impacto y luego se quedó quieto. Acertó en la cabeza.
El silencio se propagó y él yacía muerto. La castaña observó los alrededores, el barman estaba escondido tras la barra, Raúl estaba en una de las esquinas, temblando y mirando el arma, congelado por completo.
Alicia lo miro a él, se acercó un poco y el joven sintió terror. Se cubrió la cara casi instintivas, y ella sin siquiera parpadear apretó nuevamente del gatillo. La sangre quedó salpicada entre el piso y la pared. El jovencito se retorció un poco en el suelo y gimoteó. La castaña dio un par de pasos y lo remató en el suelo.
—Dios mío... —se escuchó detrás de ella.
Alicia volteó hacia la barra. El barman veía la escena con la mirada llorosa aún medio protegiéndose en el mueble.
Ella lo miro en silencio, se apartó del muerto y se acercó a Miguel. Esculco sus bolsillos, le sacó una buena cantidad de dinero, tomó la funda y le quitó una caja de balas. También le sacó el cuchillo y se guardó un contenedor de metal.
Cuando dejo el cuerpo, observo al canoso que acercaba al cuerpo del joven. Tenía una que otra lágrima pasando por su mejilla. Le cerró los párpados y sostuvo su mano levemente.
Ella miró la escena por unos segundos. No era que sintiera tristeza, no era que de repente se había arrepentido. Solo pensó fugazmente en el viejo, y en lo que acontecería.
Un cuarto disparo se escuchó y ella salió por la entrada en calma, mirando a los alrededores. Luego corrió y se abrió paso por el pueblo.
A fuera la luna brillaba y las casas estaban oscuras. No había muchas luces por esos rumbos y la gente ya estaba asomándose desde sus casas impulsadas por las detonaciones del arma.
Un par de personas arribaron al bar y vieron los cuerpos entre asustados e impresionados. La madre del muchacho llegaría en un rato a soltar la lágrima. La mayoría se centró en el cuerpo de Miguel Venustiano ensangrentado y tieso. Buscaron el revólver de inmediato cuando vieron de quien se trataba, pero, no estaba. La incertidumbre reino por unas semanas, luego volvieron a escuchar el detonar del arma, y la desgracia cayó al pueblo de nuevo.
S.C.R.
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2020.09.25 00:39 Virgilio9 Chacal - (Cuento)

La multitud se encontraba toda reunida en la plaza del pueblo. Todos murmuraban y la voz de él sobrepasaba por las demás. Alicia quien volvía de los deberes, supo de lo que se trataba de inmediato.
—Hijo de perra —soltó con furia y los pueblerinos voltearon ligeramente con la castaña.
Esta frunció el ceño y sujetó algo debajo de su camisa con fuerza, y se alejó de la gente. Cuando se escuchara el estruendo del arma, sería tiempo de moverse.
Miguel Venustiano era un asesino, un bastardo corpulento. Era un ejecutor el cual los locales lo miraban con respeto y sentían una especie de sumisión que los hacían tratarlo con benevolencia. Este no era el caso de Alicia claramente. Ella solo sentía desprecio a su persona, cosa que comentaba a sus más cercanos. Su madre se preocupaba por ello en muchas instancias y temía que algo le sucediese si seguía. Siempre se lo recordaba cada que salía de casa con esa mirada seria suya.
Todos en el pueblo sin excepción alguna, habían mirado como aquel tipo mataba a los hombres en la calle como si fuesen poco más que perros. Los hincaba amenazándoles empuñado su revólver contra sus frentes, a la par de que la multitud veía. Luego apretaba el gatillo y las aves volaban alejándose de los postes, la sangre corría por el camino empedrado y el silencio de muerte se propagaba ante la fatalidad.
Él se ponía en el centro y observaba a la multitud con seriedad uno a uno, veía el desviar y bajar de sus miradas temerosas, y oía algunas oraciones regadas junto al llorar de la viuda si es que se encontraba presente. Enfundaba su arma, bajaba su sombrero y después se alejaba de ahí dejando aquel muerto como si no fuera nada. Pronto terminaría en el bar más cercano, bebiendo con exuberancia e invitando tragos. También coqueteaba con las mujeres que había en el lugar. La mayoría le hacía caso algo que no se entendía del todo. La gente decía que era por el revólver, o con amenazas de por medio, pero igual, no era el caso con certeza.
Una vez se le vio cortejando a la viuda de un tipo que había ejecutado esa misma tarde. Se rumorea por los rincones y esquinas del pueblo que la mujer haya sido un tipo de cómplice en la muerte de su esposo el señor Orozco. No se supo más, ya que al día siguiente ella se fue a quien sabe donde.
Algo turbio habrá sucedido ahí. Algo malo debió de haber hecho Miguel.
Por donde lo viera Alicia, aquel era un ser asqueroso y pecador. Un borracho y drogadicto con un pasatiempo por quitar vidas y causar desgracias, sea con balas o navajas. Estaba harta y en más de una ocasión había fantaseado cómo ella misma le cortaba el cuello o le volaba la tapa de los sesos.
No existiera tal problema si hubiera una autoridad que le frenara. Alguien que le pusiera alto a las atrocidades deliberadas de aquel hombre, pero no había nadie. Los pueblerinos optaban por rezar y palidecer ante su presencia, a observar el arma con temor e inclinarse pidiéndole a una fuerza superior que detuviera las desgracias.
Cuando se escuchó el estruendo, la castaña miró hacia arriba. La parvada volaba alejándose en el cielo azul despejado. Volvió su mirada hacia al frente y corrió a la taberna que acostumbraba el chacal. Al entrar la encontró desierta, era temprano todavía. Camino por las tablas viejas de madera e hizo un ademán al barman canoso y él correspondió junto a un joven que barría. Ella se sentó en la barra y el de mayor edad se acercó a tomar su pedido.
—Una cerveza —pidió Alicia volteando brevemente hacia la entrada.
—Disculpe, ¿qué edad tiene? —pregunto el barman con voz calmada y ella lo miro de frente.
—Los suficientes —mintió seria e indiferente.
El canoso le creyó y fue a traerle la cerveza. Ella pago una vez que se la dio y sus ojos volvieron a la entrada del lugar. Pronto Miguel pasaría por debajo del marco de la puerta. Alicia volvió al frente y metió su mano por debajo de su camisa. Nunca había estado tan decidida en su vida.
Miguel terminó por tomarse un par de minutos más. Ella lo vio de reojo desde que entró, y el se dirigió a una pequeña mesa redonda en una de las esquinas, cerca de la salida.
—¡Muero de sed! ¡Un tarro por favor! —exclamó exhausto y se sentó haciendo un leve escándalo.
El se quitó el sombrero y lo puso en la mesa. Desabotonó un poco su camisa, se estiró y dirigió su mirada a la barra de madera polvorienta, y se centro en la espalda de Alicia. Le brillaron los ojos por un instante y se quedó observándola un rato. Se rascó su áspera barba y su mirada terminó en el joven mesero que ponía la bebida en la mesa.
—Increíble el clima, ¿no crees Raúl? —preguntó Miguel y tomó el tarro.
—Es muy agradable —soltó el jovencito.
—Claro que lo es. Arrímate una silla quieres. Bebe algo conmigo, no hay mucho que hacer en este pueblo como de costumbre.
Raúl sonrió y volteó a ver al hombre canoso de detrás de la barra. Este soltó un suspiro y asintió con la cabeza, dando por hecho de que todo era un número habitual.
—Ve por tu bebida y tráeme una a mí que está ya casi se me acaba —dijo aunque no había dado ni un sorbo a su tarro.
Aquel asintió y fue a la barra. Miguel agarro el tarro y bebió hasta que la cerveza se le acabo. Eructo y limpió su boca con el dorso de su mano, luego volvió su vista a la barra y se encontró con la mirada de la castaña.
El le sonrió y Alicia regresa al frente. Las náuseas se le vinieron y apretó de lo que guardaba en su pantalón.
No era el momento, tal vez en un rato más. Cuando la tarde ascienda y los cerros empiecen a oscurecer. Cuando la plaza y la fuente de piedra, yazcan ante la temprana luz de la luna y las estrellas. Sería sumamente lo adecuado, pero la paciencia de Alicia pende de un hilo, y entre más espera, más recuerda.
No hacía mucho había encontrado a su vecina, Constancia, en lágrimas arrastrando el cuerpo de su marido por las escaleras de la entrada de su casa.
"—¡Necesito un doctor! —le pidió entre sollozos —Le dispararon, mira... —dijo y señaló el hoyo que traía en la nuca el difunto —¡Ayúdame por favor! No sé qué hacer, ¡ayúdame! —pidió y comenzó a limpiarse las lágrimas que traía en el rostro."
Alicia se quedó atónita y las miradas se asomaban desde las ventanas. La gente paraba su andar y se acercaban preocupadas y curiosas.
"—¡Ayúdenme alguien por favor! —suplico y empezó a llorar aún más —Mis hijos llegarán dentro de poco. ¡No pueden verlo así se los pido! ¡Necesita un doctor! —gritó y abrazó el cadáver —¡Por favor, alguien! —exclamó con dolor y el llanto terminó de ganarle.”
Por fin soltó el cuerpo y lloró ante la imposibilidad de un arreglo. Ante la irremediable verdad de que para la muerte no hay solución.
Desde ese momento Constancia no volvió a ser la misma por supuesto, y un día abandonó el pueblo junto a sus niños. Los sollozos todavía se escuchan cada vez que Alicia abre la puerta de su casa y voltea a las escaleras de la casa continua.
Ella conocía de vista a la familia. Por lo que veía eran amables y trabajadores, con hijos poco problemáticos.
Nadie pidió justicia por lo acontecido, así como por los demás muertos. La gente se quedaba con los brazos cruzados y solo compadecían a las familias sufridas. Se sepultaba el cuerpo y todo volvía a la cotidianidad mientras el verdugo seguía paseándose entre la gente con altanería.
“Hijo de puta” pensó y las carcajadas del chacal la hicieron volver a la realidad. Reía con el joven mientras le daba un largo trago a su bebida, y en seguida sacaba de hierba de un contenedor y se enrolaba un frajo. Dio un par de caladas y sus ojos no tardaron en ponérseles rojos como un diablo, sus risas se hicieron más sonoras, y el rencor en ella aumentaba.
Pronto volvería a buscar del mango del cuchillo de cocina que traía bajo su camisa.
A fuera el atardecer yace en los tejados de las casas. Los niños vuelven a sus casas después de haber jugado con sus amigos todo el día. Las madres preparan la comida, se cierran las tiendas y la gente lentamente regresa a sus hogares.
Los bares no tienden a hacer eso en estas horas. Ellos no duermen, ni su gente. Solo beben o piensan en silencio. Deciden y fantasean con la mirada perdida en la nada.
—Raúl, ¿quien es la hermosa muchacha de la barra? —preguntó sonriente.
—No lo sé, nunca la había visto.
—Me atrae su aspecto, pero sus miradas no —soltó y río un poco, se cruzó de brazos y luego comentó con cierta fascinación —Me encanta su cabello.
—Es muy lindo —comentó aquel mirándola.
—Tranquilo muchacho que es mía —dijo y sonrió —Tú no te preocupes, ya tendrás alguna después, y debes de saber que a una mujer se le debe amar con intensidad cuando se tiene la oportunidad.
—¿Ha amado a muchas?
Miguel y Raúl voltearon hacia atrás. Alicia lo observaba desde la barra con aquella mirada suya, con su seriedad hostil. Inevitablemente había escuchado la platica.
Él le sonrió.
—Solo a las que me lo han permitido —dijo y agregó —¿No te gustaría un trago linda? —pregunto pero ella no respondió.
Lo ignoró y volvió al frente, tomó de un sorbo de su cerveza. Las advertencias de su madre fueron reproducidas en su mente.
—Igual es tímida, igual le mate a alguien —dijo serio y dio un gran sorbo a su bebida —Sabes Raúl, he pensado en irme de este pueblo. Las cosas no son como lo eran antes, y sé que nunca lo serán.
El joven Raúl lo miró con cierta tristeza y no dijo nada. Miguel por otra parte, se veía nostálgico, tenía los ojos brillantes y cristalinos debido al alcohol.
—¿Por qué la cara tan larga? —soltó y dejó el tarro en la mesa al ver a chico desanimado —Bebé un poco, no te preocupes de nada. Tu aún eres joven, te falto mucho por vivir, deja las tristezas para la gente vieja. Al igual que la muñeca de la barra —dijo y sonrió —Dime muñeca, ¿a caso te mate a alguien? —preguntó dirigiéndose a ella y se levantó de la silla tambaleándose un poco —¿O solo ves mal a la gente preciosa?
—No creo que...
—Espérame aquí —dijo el interrumpiéndole y camino hasta llegar a la barra.
Alicia sintió el olor a alcohol y yesca que traía a sus alrededores Miguel. Ella apretó el puño con fuerza, trato de ignóralo, y él se acercó a donde yacía ella.
—A ti también te falta vivir.
—Miguel —habló el canoso acercándose —No creo que debas...
—Tranquilo viejo, solo le comento algo —le responde sin mirarlo —Dime niña, ¿te gustaría vivir un poco?
"Vivir... " se dijo Alicia, y volvió a ver la muerte ante sus ojos. Vio a la sangre en la silla y al viejo desparramado en el suelo. Vio la hierba en la casa, y a su padre moribundo, presionando la herida en su estómago, tratando de que la sangre no se le saliese.
Ella se quedó quieta al verlo en ese entonces, y aunque esté con dificultad le hablara, ella ni siquiera podía responderle. Estaba congelada con el escenario, con el olor de la sangre, viendo a la muerte. No hizo nada, era una niña después de todo. Podría haber pedido ayuda, claro, pero ya era tarde. Él había dejado de respirar y ella no podía dejar llorar.
—Veo que no hay educación aquí —dijo él y se alejó un poco, vio al barman y continuó —Supongo que solo hay gente que... —se detuvo y sintió la punzada abriendo paso por su estómago, el sabor metálico llegó a su boca, volvió al frente y la sangre empezó esparcirse en su camisa. La vio a ella mirándolo llena de cólera.
Le había clavado el cuchillo, se lo retorció dentro de sus entrañas y se acercó para que él cuchillo de cocina arribara tan hondo como se pudiera.
—Muere hijo de perra —le murmuró con odio.
Intento sacarle el cuchillo pero el la detuvo mientras gritaba con dolor. La apartó empujándola con fuerza y cayó al suelo sin el cuchillo. Miguel trato de quedarse de pie, de apoyarse en alguno de los bancos, pero falló y terminó por caer. Acabo sentado, con la espalda contra la barra adolorido y sangrante. Enseguida buscó sacar su revólver, pero este había desaparecido.
Cuando volteó con ella, la encontró levantada con el arma entre las manos. Le apuntaba muy quieta y tranquila. Lo veía con seriedad.
Apretó del gatillo, el se sacudió abruptamente por el impacto y luego se quedó quieto. Acertó en la cabeza.
El silencio se propagó y él yacía muerto. La castaña observó los alrededores, el barman estaba escondido tras la barra, Raúl estaba en una de las esquinas, temblando y mirando el arma, congelado por completo.
Alicia lo miro a él, se acercó un poco y el joven sintió terror. Se cubrió la cara casi instintivas, y ella sin siquiera parpadear apretó nuevamente del gatillo. La sangre quedó salpicada entre el piso y la pared. El jovencito se retorció un poco en el suelo y gimoteó. La castaña dio un par de pasos y lo remató en el suelo.
—Dios mío... —se escuchó detrás de ella.
Alicia volteó hacia la barra. El barman veía la escena con la mirada llorosa aún medio protegiéndose en el mueble.
Ella lo miro en silencio, se apartó del muerto y se acercó a Miguel. Esculco sus bolsillos, le sacó una buena cantidad de dinero, tomó la funda y le quitó una caja de balas. También le sacó el cuchillo y se guardó un contenedor de metal.
Cuando dejo el cuerpo, observo al canoso que acercaba al cuerpo del joven. Tenía una que otra lágrima pasando por su mejilla. Le cerró los párpados y sostuvo su mano levemente.
Ella miró la escena por unos segundos. No era que sintiera tristeza, no era que de repente se había arrepentido. Solo pensó fugazmente en el viejo, y en lo que acontecería.
Un cuarto disparo se escuchó y ella salió por la entrada en calma, mirando a los alrededores. Luego corrió y se abrió paso por el pueblo.
A fuera la luna brillaba y las casas estaban oscuras. No había muchas luces por esos rumbos y la gente ya estaba asomándose desde sus casas impulsadas por las detonaciones del arma.
Un par de personas arribaron al bar y vieron los cuerpos entre asustados e impresionados. La madre del muchacho llegaría en un rato a soltar la lágrima. La mayoría se centró en el cuerpo de Miguel Venustiano ensangrentado y tieso. Buscaron el revólver de inmediato cuando vieron de quien se trataba, pero, no estaba. La incertidumbre reino por unas semanas, luego volvieron a escuchar el detonar del arma, y la desgracia cayó al pueblo de nuevo.
S.C.R.
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2020.09.23 22:44 Virgilio9 Chacal - (Cuento)

La multitud se encontraba toda reunida en la plaza del pueblo. Todos murmuraban y la voz de él sobrepasaba por las demás. Alicia quien volvía de los deberes, supo de lo que se trataba de inmediato.
—Hijo de perra —soltó con furia y los pueblerinos voltearon ligeramente con la castaña.
Esta frunció el ceño y sujetó algo debajo de su camisa con fuerza, y se alejó de la gente. Cuando se escuchara el estruendo del arma, sería tiempo de moverse.
Miguel Venustiano era un asesino, un bastardo corpulento. Era un ejecutor el cual los locales lo miraban con respeto y sentían una especie de sumisión que los hacían tratarlo con benevolencia. Este no era el caso de Alicia claramente. Ella solo sentía desprecio a su persona, cosa que comentaba a sus más cercanos. Su madre se preocupaba por ello en muchas instancias y temía que algo le sucediese si seguía. Siempre se lo recordaba cada que salía de casa con esa mirada seria suya.
Todos en el pueblo sin excepción alguna, habían mirado como aquel tipo mataba a los hombres en la calle como si fuesen poco más que perros. Los hincaba amenazándoles empuñado su revólver contra sus frentes, a la par de que la multitud veía. Luego apretaba el gatillo y las aves volaban alejándose de los postes, la sangre corría por el camino empedrado y el silencio de muerte se propagaba ante la fatalidad.
Él se ponía en el centro y observaba a la multitud con seriedad uno a uno, veía el desviar y bajar de sus miradas temerosas, y oía algunas oraciones regadas junto al llorar de la viuda si es que se encontraba presente. Enfundaba su arma, bajaba su sombrero y después se alejaba de ahí dejando aquel muerto como si no fuera nada. Pronto terminaría en el bar más cercano, bebiendo con exuberancia e invitando tragos. También coqueteaba con las mujeres que había en el lugar. La mayoría le hacía caso algo que no se entendía del todo. La gente decía que era por el revólver, o con amenazas de por medio, pero igual, no era el caso con certeza.
Una vez se le vio cortejando a la viuda de un tipo que había ejecutado esa misma tarde. Se rumorea por los rincones y esquinas del pueblo que la mujer haya sido un tipo de cómplice en la muerte de su esposo el señor Orozco. No se supo más, ya que al día siguiente ella se fue a quien sabe donde.
Algo turbio habrá sucedido ahí. Algo malo debió de haber hecho Miguel.
Por donde lo viera Alicia, aquel era un ser asqueroso y pecador. Un borracho y drogadicto con un pasatiempo por quitar vidas y causar desgracias, sea con balas o navajas. Estaba harta y en más de una ocasión había fantaseado cómo ella misma le cortaba el cuello o le volaba la tapa de los sesos.
No existiera tal problema si hubiera una autoridad que le frenara. Alguien que le pusiera alto a las atrocidades deliberadas de aquel hombre, pero no había nadie. Los pueblerinos optaban por rezar y palidecer ante su presencia, a observar el arma con temor e inclinarse pidiéndole a una fuerza superior que detuviera las desgracias.
Cuando se escuchó el estruendo, la castaña miró hacia arriba. La parvada volaba alejándose en el cielo azul despejado. Volvió su mirada hacia al frente y corrió a la taberna que acostumbraba el chacal. Al entrar la encontró desierta, era temprano todavía. Camino por las tablas viejas de madera e hizo un ademán al barman canoso y él correspondió junto a un joven que barría. Ella se sentó en la barra y el de mayor edad se acercó a tomar su pedido.
—Una cerveza —pidió Alicia volteando brevemente hacia la entrada.
—Disculpe, ¿qué edad tiene? —pregunto el barman con voz calmada y ella lo miro de frente.
—Los suficientes —mintió seria e indiferente.
El canoso le creyó y fue a traerle la cerveza. Ella pago una vez que se la dio y sus ojos volvieron a la entrada del lugar. Pronto Miguel pasaría por debajo del marco de la puerta. Alicia volvió al frente y metió su mano por debajo de su camisa. Nunca había estado tan decidida en su vida.
Miguel terminó por tomarse un par de minutos más. Ella lo vio de reojo desde que entró, y el se dirigió a una pequeña mesa redonda en una de las esquinas, cerca de la salida.
—¡Muero de sed! ¡Un tarro por favor! —exclamó exhausto y se sentó haciendo un leve escándalo.
El se quitó el sombrero y lo puso en la mesa. Desabotonó un poco su camisa, se estiró y dirigió su mirada a la barra de madera polvorienta, y se centro en la espalda de Alicia. Le brillaron los ojos por un instante y se quedó observándola un rato. Se rascó su áspera barba y su mirada terminó en el joven mesero que ponía la bebida en la mesa.
—Increíble el clima, ¿no crees Raúl? —preguntó Miguel y tomó el tarro.
—Es muy agradable —soltó el jovencito.
—Claro que lo es. Arrímate una silla quieres. Bebe algo conmigo, no hay mucho que hacer en este pueblo como de costumbre.
Raúl sonrió y volteó a ver al hombre canoso de detrás de la barra. Este soltó un suspiro y asintió con la cabeza, dando por hecho de que todo era un número habitual.
—Ve por tu bebida y tráeme una a mí que está ya casi se me acaba —dijo aunque no había dado ni un sorbo a su tarro.
Aquel asintió y fue a la barra. Miguel agarro el tarro y bebió hasta que la cerveza se le acabo. Eructo y limpió su boca con el dorso de su mano, luego volvió su vista a la barra y se encontró con la mirada de la castaña.
El le sonrió y Alicia regresa al frente. Las náuseas se le vinieron y apretó de lo que guardaba en su pantalón.
No era el momento, tal vez en un rato más. Cuando la tarde ascienda y los cerros empiecen a oscurecer. Cuando la plaza y la fuente de piedra, yazcan ante la temprana luz de la luna y las estrellas. Sería sumamente lo adecuado, pero la paciencia de Alicia pende de un hilo, y entre más espera, más recuerda.
No hacía mucho había encontrado a su vecina, Constancia, en lágrimas arrastrando el cuerpo de su marido por las escaleras de la entrada de su casa.
"—¡Necesito un doctor! —le pidió entre sollozos —Le dispararon, mira... —dijo y señaló el hoyo que traía en la nuca el difunto —¡Ayúdame por favor! No sé qué hacer, ¡ayúdame! —pidió y comenzó a limpiarse las lágrimas que traía en el rostro."
Alicia se quedó atónita y las miradas se asomaban desde las ventanas. La gente paraba su andar y se acercaban preocupadas y curiosas.
"—¡Ayúdenme alguien por favor! —suplico y empezó a llorar aún más —Mis hijos llegarán dentro de poco. ¡No pueden verlo así se los pido! ¡Necesita un doctor! —gritó y abrazó el cadáver —¡Por favor, alguien! —exclamó con dolor y el llanto terminó de ganarle.”
Por fin soltó el cuerpo y lloró ante la imposibilidad de un arreglo. Ante la irremediable verdad de que para la muerte no hay solución.
Desde ese momento Constancia no volvió a ser la misma por supuesto, y un día abandonó el pueblo junto a sus niños. Los sollozos todavía se escuchan cada vez que Alicia abre la puerta de su casa y voltea a las escaleras de la casa continua.
Ella conocía de vista a la familia. Por lo que veía eran amables y trabajadores, con hijos poco problemáticos.
Nadie pidió justicia por lo acontecido, así como por los demás muertos. La gente se quedaba con los brazos cruzados y solo compadecían a las familias sufridas. Se sepultaba el cuerpo y todo volvía a la cotidianidad mientras el verdugo seguía paseándose entre la gente con altanería.
“Hijo de puta” pensó y las carcajadas del chacal la hicieron volver a la realidad. Reía con el joven mientras le daba un largo trago a su bebida, y en seguida sacaba de hierba de un contenedor y se enrolaba un frajo. Dio un par de caladas y sus ojos no tardaron en ponérseles rojos como un diablo, sus risas se hicieron más sonoras, y el rencor en ella aumentaba.
Pronto volvería a buscar del mango del cuchillo de cocina que traía bajo su camisa.
A fuera el atardecer yace en los tejados de las casas. Los niños vuelven a sus casas después de haber jugado con sus amigos todo el día. Las madres preparan la comida, se cierran las tiendas y la gente lentamente regresa a sus hogares.
Los bares no tienden a hacer eso en estas horas. Ellos no duermen, ni su gente. Solo beben o piensan en silencio. Deciden y fantasean con la mirada perdida en la nada.
—Raúl, ¿quien es la hermosa muchacha de la barra? —preguntó sonriente.
—No lo sé, nunca la había visto.
—Me atrae su aspecto, pero sus miradas no —soltó y río un poco, se cruzó de brazos y luego comentó con cierta fascinación —Me encanta su cabello.
—Es muy lindo —comentó aquel mirándola.
—Tranquilo muchacho que es mía —dijo y sonrió —Tú no te preocupes, ya tendrás alguna después, y debes de saber que a una mujer se le debe amar con intensidad cuando se tiene la oportunidad.
—¿Ha amado a muchas?
Miguel y Raúl voltearon hacia atrás. Alicia lo observaba desde la barra con aquella mirada suya, con su seriedad hostil. Inevitablemente había escuchado la platica.
Él le sonrió.
—Solo a las que me lo han permitido —dijo y agregó —¿No te gustaría un trago linda? —pregunto pero ella no respondió.
Lo ignoró y volvió al frente, tomó de un sorbo de su cerveza. Las advertencias de su madre fueron reproducidas en su mente.
—Igual es tímida, igual le mate a alguien —dijo serio y dio un gran sorbo a su bebida —Sabes Raúl, he pensado en irme de este pueblo. Las cosas no son como lo eran antes, y sé que nunca lo serán.
El joven Raúl lo miró con cierta tristeza y no dijo nada. Miguel por otra parte, se veía nostálgico, tenía los ojos brillantes y cristalinos debido al alcohol.
—¿Por qué la cara tan larga? —soltó y dejó el tarro en la mesa al ver a chico desanimado —Bebé un poco, no te preocupes de nada. Tu aún eres joven, te falto mucho por vivir, deja las tristezas para la gente vieja. Al igual que la muñeca de la barra —dijo y sonrió —Dime muñeca, ¿a caso te mate a alguien? —preguntó dirigiéndose a ella y se levantó de la silla tambaleándose un poco —¿O solo ves mal a la gente preciosa?
—No creo que...
—Espérame aquí —dijo el interrumpiéndole y camino hasta llegar a la barra.
Alicia sintió el olor a alcohol y yesca que traía a sus alrededores Miguel. Ella apretó el puño con fuerza, trato de ignóralo, y él se acercó a donde yacía ella.
—A ti también te falta vivir.
—Miguel —habló el canoso acercándose —No creo que debas...
—Tranquilo viejo, solo le comento algo —le responde sin mirarlo —Dime niña, ¿te gustaría vivir un poco?
"Vivir... " se dijo Alicia, y volvió a ver la muerte ante sus ojos. Vio a la sangre en la silla y al viejo desparramado en el suelo. Vio la hierba en la casa, y a su padre moribundo, presionando la herida en su estómago, tratando de que la sangre no se le saliese.
Ella se quedó quieta al verlo en ese entonces, y aunque esté con dificultad le hablara, ella ni siquiera podía responderle. Estaba congelada con el escenario, con el olor de la sangre, viendo a la muerte. No hizo nada, era una niña después de todo. Podría haber pedido ayuda, claro, pero ya era tarde. Él había dejado de respirar y ella no podía dejar llorar.
—Veo que no hay educación aquí —dijo él y se alejó un poco, vio al barman y continuó —Supongo que solo hay gente que... —se detuvo y sintió la punzada abriendo paso por su estómago, el sabor metálico llegó a su boca, volvió al frente y la sangre empezó esparcirse en su camisa. La vio a ella mirándolo llena de cólera.
Le había clavado el cuchillo, se lo retorció dentro de sus entrañas y se acercó para que él cuchillo de cocina arribara tan hondo como se pudiera.
—Muere hijo de perra —le murmuró con odio.
Intento sacarle el cuchillo pero el la detuvo mientras gritaba con dolor. La apartó empujándola con fuerza y cayó al suelo sin el cuchillo. Miguel trato de quedarse de pie, de apoyarse en alguno de los bancos, pero falló y terminó por caer. Acabo sentado, con la espalda contra la barra adolorido y sangrante. Enseguida buscó sacar su revólver, pero este había desaparecido.
Cuando volteó con ella, la encontró levantada con el arma entre las manos. Le apuntaba muy quieta y tranquila. Lo veía con seriedad.
Apretó del gatillo, el se sacudió abruptamente por el impacto y luego se quedó quieto. Acertó en la cabeza.
El silencio se propagó y él yacía muerto. La castaña observó los alrededores, el barman estaba escondido tras la barra, Raúl estaba en una de las esquinas, temblando y mirando el arma, congelado por completo.
Alicia lo miro a él, se acercó un poco y el joven sintió terror. Se cubrió la cara casi instintivas, y ella sin siquiera parpadear apretó nuevamente del gatillo. La sangre quedó salpicada entre el piso y la pared. El jovencito se retorció un poco en el suelo y gimoteó. La castaña dio un par de pasos y lo remató en el suelo.
—Dios mío... —se escuchó detrás de ella.
Alicia volteó hacia la barra. El barman veía la escena con la mirada llorosa aún medio protegiéndose en el mueble.
Ella lo miro en silencio, se apartó del muerto y se acercó a Miguel. Esculco sus bolsillos, le sacó una buena cantidad de dinero, tomó la funda y le quitó una caja de balas. También le sacó el cuchillo y se guardó un contenedor de metal.
Cuando dejo el cuerpo, observo al canoso que acercaba al cuerpo del joven. Tenía una que otra lágrima pasando por su mejilla. Le cerró los párpados y sostuvo su mano levemente.
Ella miró la escena por unos segundos. No era que sintiera tristeza, no era que de repente se había arrepentido. Solo pensó fugazmente en el viejo, y en lo que acontecería.
Un cuarto disparo se escuchó y ella salió por la entrada en calma, mirando a los alrededores. Luego corrió y se abrió paso por el pueblo.
A fuera la luna brillaba y las casas estaban oscuras. No había muchas luces por esos rumbos y la gente ya estaba asomándose desde sus casas impulsadas por las detonaciones del arma.
Un par de personas arribaron al bar y vieron los cuerpos entre asustados e impresionados. La madre del muchacho llegaría en un rato a soltar la lágrima. La mayoría se centró en el cuerpo de Miguel Venustiano ensangrentado y tieso. Buscaron el revólver de inmediato cuando vieron de quien se trataba, pero, no estaba. La incertidumbre reino por unas semanas, luego volvieron a escuchar el detonar del arma, y la desgracia cayó al pueblo de nuevo.
S.C.R.
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2020.08.22 00:03 CesarSenpai2020 Nadie quiere estar conmigo :(

Esta es mi primera vez escribiendo en esta plataforma así que si ve un error de ortografía haganmelo saber plox.
Nadie quiere estar conmigo: hace una semana me declaré a la persona que por un momento consideré que me quería a mí y como es de esperarse me rechazó, al principio no entendía por qué me dijo que no, puesto que yo la trataba bien, le ayudaba en sus antiguas relaciones, fui su amigo durante mucho tiempo, su consejero, el que la ayudaba siempre que ella me necesitaba, el que la defendía de las personas que se burlaban de ella, quien nunca le dijo que no. Además, llevaba 2 semanas cortejando por medio de indirectas muy obvias y su única respuesta era "aaay no digas eso jajaj" eso dolía aunque creo que no las entendió ya que así jugamos los dos cuando estaba algo aburrido. como sea, ¿sabes cuál fue la razón por la que me dijo que no? Aclaro que la razón no es algo genérico estilo "es que te veo como a un hermano" la razón, la dolorosa razón, la absurda razón fue...
"Es que las personas negras no me gustan"
0-0
Eso me dolió bastante, puesto que si ella me hubiera dicho algo como "es que eres raro" o un simple "no me interesas" yo hubiera intentado cambiar para que ella me aceptara, pero la verdad si duele mucho que te rechacen por algo que tu no puedes cambiar o mejorar es bastante deprimente.
Ese Día me quería morir de la vergüenza que me dio.
hasta el momento la sigo amando y ya no hablamos
Así que si alguien me quiere dar un consejo, pues que sea bienvenido. Gracias por leer
submitted by CesarSenpai2020 to u/CesarSenpai2020 [link] [comments]


2020.05.17 11:07 Vasconia_55 Una triste historia de amor.

Hola, este es mi primer post en Reddit, una disculpa de ante mano por si mi historia larga. Espero que esté post no incumpla las reglas de la comunidad. Por cierto, ustedes son una de las mejores comunidades en las que he participado. Comenzaré...
Cuando era niño abusaron sexualmente de mí. No quiero entrar en detalles, pero aquella experiencia me marcó de por vida; retorció mi visión sobre la vida y la justicia, pero también retorció mi percepción sobre el amor (este dato es importante).
Actualmente soy un tipo serio, muy poca gente se me acerca por mi personalidad, lo que entorpece mi entorno social y hace que el conseguir pareja sea difícil. Sin embargo, a lo largo de mi vida, he conseguido muy buenos amigos y parejas... pero hace poco, mi última relación no termino como yo esperaba.
Llamemos a esta chica, Julieta (no es su verdadero nombre). Conocí a Julieta en el transporte público; aquí va la historia. Yo acababa de ser rechazado por una chica que había cortejando, me sentía un poco desanimado, pero quería conocer a alguien y de repente, Julieta subió al transporte público, de inmediato pensé "háblale". Y lo hice, mantuvimos una conversación por vários minutos, conversación que trató sobre quieres éramos y nuestros nombres, hasta que llegué a mi destino, me despedí amablemente de Julieta, pero no conforme con la conversación que tuvimos, decidí buscar en redes sociales su nombre y o sorpresa... resultó ser la primera persona en aparecer. Decidí mandarle un mensaje diciéndole que era el tipo del transporte, no tenía muchas expectativas al respecto (esperaba que me dejará en visto) y al poco rato, me llega un mensaje de Julieta. Resulta que le agradé y quiere conocerme. (Una historia de locos, pero así fué)
Con el tiempo, fui conociendo más a Julieta y descubrí que su familia es cristiana y muy conservadora, lo cuál me pareció bien y muy respetable (este es otro dato importante).
El tiempo pasó, Julieta y yo nos volvimos novios, pero algo cambio en Julieta, resulta que dentro de su templo ella estaba estudiando una carrera de comunicación, pero debía seguir ciertos requisitos y uno de ellos le impedía tener novio. Terminó dejando la carrera por mí (no me enteré de eso, hasta tiempo después). Notaba como Julieta, poco a poco perdía la fé en su templo, desde ahí comenzaron los problemas. Julieta quería involucrarse más en mi vida, al punto de querer controlar mis amistades (lo cuál nunca le permití), esto generó problemas por un tiempo, hasta que lo pudimos resolver.
Pero un día, decidí mostrarle mi perspectiva del "amor". Resaltemos algo de esto. Para mí el "amor" es compartir la parte más sensible de tu ser, esa parte que no se puede ver a simple vista, desgraciadamente yo demuestro esa parte sensible mediante relaciones sexuales; ya saben, compartir la cama con la persona que amas, sentirte seguro y volcar los sentimientos y emociones mediante caricias, besos al mismo tiempo que hay intimidad de por medio.
Decidí demostrarle mi "amor", poco a poco e ir escalando lento, pero como era de esperarse por su educación, ella lo rechazó. Sin embargo, no me di por vencido y quería mostrarle mi perspectiva, hasta que un día... Julieta accedió.
Las cosas no fueron nada bien, a la mitad de todo ella se arrepintió y comenzó a llorar. En ese momento yo me detuve. Comenzamos a hablar sobre lo que había pasado y resulta que además de romper sus votos de castidad, ella tenía un sueño, casarse de blanco en un altar, pero con lo que había pasado ya no sería posible...
La relación con Julieta no duró mucho después de eso y actualmente me siento culpable al respecto. Ya hice las pases con Julieta, pero no dejo de sentirme mal por todo esto. He llegado al punto en el que e perdido la confianza que tenía en mí, siento asco de mi cuerpo y incluso me da mucha pena decir esto, pero cuando llegó al orgasmo, algo dentro de mí se rompe y comienzo a llorar de la tristeza. Por la cuarentena he estado deprimido en casa, pudriendome en soledad y pensando en que le arrebaté ese sueño a ella... justo como me arrebataron la inocencia a mí cuando era niño.
No sé que pensar al respecto, por favor, necesito ayuda.
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2020.02.03 03:55 Vergolazo 2020 apenas vea un mes del año que es lo mas culero que los ha pasado de lo que les va del año

Bueno es simple, tengo una amiga se intento una relación (de mi parte) pero no quiso (aun que en teoría fue un mutuo acuerdo) y pues aun sigo viéndola salimos (no le gasto nada ella paga lo suyo si acaso tienen la duda) o mejor dicho viéndonos, ella me dijo que alguien le esta "cortejando" (claro en idioma viejo) y que a ella le gusta, no a sucedido nada solamente eso pero saben en que situación pues se encuentra uno.
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